DISCURSO EDITORIAL

La Reflexión imprescindible 

La navidad ya casi se siente y nos quedan pocos días para finalizar este 2004. Creemos que no hay fecha más propicia para reflexionar con calma, mirar nuestro presente y hacer una breve pero certera retrospectiva a lo que hicimos en este año, y a lo que dejamos de hacer, desde luego.

La navidad tiene la virtud de estrechar los lazos de mucha gente, como rara vez ocurre en el transcurso de un año, de llamar a la unión de la familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo. Quizá por esta época es que encontramos el “pretexto” para limar las asperezas y pensar que el prójimo, la persona que tenemos al lado, aquella a la que muchas veces vemos como un objeto netamente decorativo, de todos los días, en realidad es un ser humano al que queremos y no podemos dejar de darle aquello que tanto atesoramos en nuestro corazón.

Es por ello que debemos al menos aprovechar este clima fraterno pasajero para replantearnos muchas cosas que a veces no tenemos la entereza o la simple decisión de afrontar. De lo que hablamos al fin y al cabo es de mirarnos entre nosotros mismos para subsanar nuestras propias deficiencias y juntos intentar -cuando menos eso: intentarlo- salir adelante con la convención de las ideas y la acción. Así debemos hacerlo en nuestros hogares, para lograr la superación familiar; en nuestro trabajo, para la superación personal y el consecuente aporte a la sociedad y al Estado. Del mismo modo entre nuestros gobernantes locales, regionales y nacionales, donde hay mucho que debatir y concluir para efectos de una buena dirección del país. No olvidemos que en muchos de los casos se ha perdido bastante tiempo en discusiones estériles, mientras que los temas de verdadera importancia para la región y el país han sido dejados de lado

La esperanza siempre será una luz imprescindible en navidad, como muchas de esas luces artificiales que se pueden ver en pascuas, tantos en nuestros hogares como en las calles. Los sueños de las personas se renuevan, los niños sonríen, se vive una paz general en todos los hogares. Sabemos que existe también gente que no la pasa precisamente como quisiera en navidad, que hay incluso niños que se encuentran rezagados del homenaje que en cada pascua se les rinde como “grandes” representantes del más puro estado de la vida, como lo fue el nacimiento de Jesucristo. Es verdad, muchos niños aún no tienen que comer, no tienen un hogar debidamente constituido, y por ende no tendrán un juguete en esta navidad. Hacia ellos va dirigida esta esperanza que habíamos mencionado. Desde usted, querido lector, hasta la más alta autoridad gubernamental, todos en este país quieren y deben buscar ese objetivo que a veces parece lejano pero jamás imposible: la reducción de la pobreza. En esta navidad, pues, soñemos, como lo hacía el poeta César Vallejo, con un día hermoso, un despertar maravilloso, una mañana ideal en la que todos nuestros niños sin excepción hayan desayunado.

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