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EDITORIAL |
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LA DANZA Y LOS LIBROS |
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El año 2005 tiene su arranque en medio de una efervescencia de fiesta y cultura en Trujillo. Y no es para menos: a la tradicional festividad que viste de blanco, salero y garbo a nuestra ciudad en el mes de enero, esto es el Concurso Nacional de Marinera, se une este año la encomiable celebración de la Segunda Feria del Libro de Trujillo, que también nos pone en el centro de la cultura en los últimos días del primer mes del año. Sin duda es una inmejorable manera de comenzar el año. Ya es una costumbre el que la marinera nos invada con su espíritu de danza, como una bella fiebre que se desata para beneplácito de los trujillanos. Habría en todo caso que preguntarnos si esta festividad que nos pone ante los ojos del Perú entero y también de parte del mundo tiene el sitial que se merece. ¿El Concurso Nacional de Marinera es el evento grandilocuente que muchos quisiéramos o sólo hemos dejado que el peso de la costumbre se imponga, simplemente? ¿Tiene este certamen el brillo suficiente? Por supuesto que en buena medida sí, pero ya sabemos que todo se puede mejorar. A veces hasta las tradiciones más emblemáticas deben experimentar modificaciones, adaptarse a los cambios que los nuevos tiempos proponen, quebrar la línea recta para plantear un giro que lleve a una mejora. Es verdad también que los cambios en ciertos momentos y circunstancias pueden llegar a resultar transgresores, pero es de esta forma que las cosas pueden ser superadas. Hemos visto que algo de esto se está tratando de hacer en el Festival de Primavera, otra festividad tradicional de Trujillo. El Concurso Nacional de Marinera, que este año llega a su edición 45, podría bien seguir la misma senda. Y por supuesto, de otro lado, pocos eventos le hacen tanto bien a Trujillo como la realización de la Feria del Libro, esta vez en su segunda edición, después de aquella auspiciosa primera versión llevada a cabo hace dos años, cuando tuvimos como invitado especial al renombrado Mario Vargas Llosa. La Segunda Feria del Libro de Trujillo inició el 20 de enero, y deberá culminar el 30 del mismo mes, en una atmósfera de fiesta del intelecto, de la cultura, del arte, de la tertulia, del placer de la lectura. La Feria cuenta con presencias importantes, intelectuales de renombre nacional e internacional y es por ello todo un lujo que los trujillanos no podemos desperdiciar. Aquí también, sin embargo, hay que observar detenidamente su desenvolvimiento. Es verdad, realizar este evento ya es de por sí un motivo para ofrendar los aplausos a los organizadores, ¿quién podría negar eso? No obstante, podemos participar activamente de esta fiesta del libro y -por qué no- de algún u otro modo aportar algo. Desde este espacio podemos señalar con independencia y total libertad de expresión que no nos ha parecido de lo más atinado el precio ofertado a los escritores liberteños para un stand a efectos de que exhiban sus obras. Sí, a nuestros escritores pues, que apenas pueden publicar y hacer circular sus publicaciones con los riesgos que esto involucra, tenemos entendido que se les pidió la misma suma que por ejemplo se les pide a grandes editoriales como Peisa y Alfaguara. Sabemos que las reglas de juego son claras y sin excepciones, y que la facilidad estribaba en que los escritores liberteños pagarían el stand en conjunto, pero talvez se hubiese podido buscar una salida más atinada. Esta vez, por fortuna, fue la Municipalidad de Trujillo quien cedió su stand para que nuestros literatros locales exhiban sus obras. Pero lo importante salta a la vista, y eso por suerte es la mayor parte. Trujillo puede y debe demostrar su gran capacidad para organizar grandes eventos y ser los mejores anfitriones. No olvidemos que es la cultura la que está en juego. |
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