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EDITORIAL |
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EL ENEMIGO EN LA RED |
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La Internet, herramienta que ha significado la gran revolución en los últimos años, con sus omnipotentes redes y su universo ilimitado de información y comunicación, puede ser también el medio más eficaz para que los más aberrantes actos sean consumados; es decir, para que muchas monstruosidades humanas se trasladen del espacio virtual al espacio real. Eso ha quedado demostrado en estas últimas semanas en que los medios han dado cuenta de vergonzosos y alarmantes casos de abusos sexuales mayormente a menores de edad, delitos escalofriantes ambientados en escenarios donde aparecía, casi como elemento protagónico, la computadora de una cabina de Internet. El famoso 'chat' al que muchos niños y jóvenes hoy en día se aficionan se ha convertido en un auténtico peligro latente. Allí se camuflan, entre las palabras y los íconos, inefables individuos -especialmente pederastas- que asechan a todo instante a los más desprotegidos de nuestra sociedad: los menores. No es algo nuevo, se trata más bien de algo que ha nacido prácticamente con la misma Internet. El problema es que ahora, a diferencia de hace algunos años, hemos tenido un incremento preocupante de casos de menores que son “seducidos” con malas artes por pederastas que esconden su verdadero rostro. Y lo peor: la sangre ha llegado al río, como hemos podido ver a través de las noticias. ¿Qué medidas podríamos tomar ante esta amenaza? Al parecer, la primera medida, la más urgente, es la que debe tomarse en casa. Siempre han sido los padres los llamados a cuidar de sus niños y de orientarlos por el camino más seguro. Los menores deben ser conscientes de las amenazas que hay en la calle, y para ello los padres tienen que aprender a “llamar las cosas por su nombre”. Los padres de familia deben además tomar conciencia de que el peligro puede estar también en la propia casa, o en una cabina pública de Internet. Y, sobre todo, no hay que olvidar que, como muchos especialistas indican, los niños se acercan a un virtual desconocido en la red por falta de cariño, por necesidad de un amigo, un consejero, alguien con quien compartir “algo”. No son pocos los que piensan que no estaría demás la intervención del Legislativo en este tema. Establecer normas al uso de Internet podría ser una buena ayuda, aunque también sería el inicio de una polémica que siempre se insinuó: las restricciones y el fin de la libertad total en Internet. En todo caso, cualquier salida que se adopte no tiene por qué estar exenta de una buena dosis de creatividad, incluso aquellas que desembocan en la elaboración de leyes. Como se sabe, desde el año pasado la Municipalidad Provincial de Trujillo decretó una ordenanza que prohibió la pornografía en las cabinas públicas de Internet a través de la instalación obligatoria de un filtro especial. El alcalde José Murgia ha opinado talvez por ello que sí es necesario que se legisle al respecto, pues al parecer normas como las ya adoptadas resultan insuficientes para controlar los delitos de abuso de menores y corrupción infantil. Mientras tanto no se puede bajar la guardia. Se deben llevar adelante campañas de concientización dedicadas a padres y niños. Talvez es momento de que frases como “no hables con desconocidos” deban ser modernizadas por otras como “no chatees con desconocidos”. |
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