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DISCURSO EDITORIAL |
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EL ETERNO RETORNO |
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Por esas ironías que tiene la vida, justo
cuando acabábamos de celebrar el Día del Periodista, un nuevo y bochornoso
incidente en el que se vio involucrado el periodismo ocurrió y fue visto a
través de las pantallas de la televisión. Lamentablemente, fuimos
testigos, una vez más, de la crisis moral que aqueja no sólo a la clase
política, sino además a los medios de comunicación.
La propalación del audio de Fernando Olivera y Genaro Delgado Parker, y lo que éste desató, nos hicieron recordar algunos de los momentos más tristemente célebres del pasado régimen fijumorista. Nuevamente, incluso, se hizo presente esa artimaña tan usada durante ese periodo: la cortina de humo. Fue lo que ocurrió con una nota periodística evidentemente "inflada" y hasta engañosa, con claro afán sensacionalista, justo en el momento en que la "bomba" por el mencionado audio se desataba. Ha habido todo un debate y existen distintas posiciones en torno al audio difundido. Al margen de la posición que podamos tener en este tema, hay algo muy claro: muchas de las decisiones políticas y hasta mediáticas se toman bajo la mesa, o, para ser más precisos, sobre una mesa y encerrado entre cuatro paredes. POr otro lado, los límites de la prensa siempre han estado sobre el tapete, ha sido tema de discusión, más aún en los últimos tiempos. Pero no olvidemos que por haber llevado nuestra profesión hasta sus últimas consecuencias es que precisamente se han logrado destapes trascendentales. Fue el caso del famoso video Kouri-Montesinos. Lo que si aterra tremendamente es comprobar que algunas cosas no han cambiado del todo. Lo que hemos visto hace poco se parece en buena parte a mucho de lo que vimos en la nefasta época en que Vladimoro Montesinos manejaba en país tras bambalinas. Éste es realmente un motivo de preocupación: es como si el traumático proceso que acabamos de pasar -dejando supuestamente atrás las bochornosas y deplorables imágenes de corrupción- no hubiese servido de nada. Es decir, volvemos a cero, con nuestros mismos vicios. Y la imagen de la prensa nuevamente queda deteriorada, como si no fuera suficiente el desprestigio del que veníamos adoleciendo. El vergonzoso pleito que protagonizaron los periodistas César Hildebrant y Rosa María Palacios fue la "yapa" para tanto mal momento. Esta guerra declarada de pantalla a pantalla entre estos dos comunicadores que se olvidaron de su prestigio para sacar lo más negativo de ambos, no hizo más que empeorar el clima vivido y manchar todavía más el papel de la prensa en este penoso tema. NO nos queda más que mostrar nuestra indignación, y nuestro total rechazo a actitudes que van es desmedro de la buena labor que debería efectuar todo periodista que se precie de profesional. En cuanto a ciertos personajes políticos. En cuanto a ciertos personajes políticos y demás vinculados a ellos... bueno, se podría decir que ya nos tienen acostumbrados. Igual no está demás decir: Qué lamentable, señores, ¡qué lamentable! |
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