DISCURSO EDITORIAL

LA JORNADA TRASCENDENTAL

Nos encontramos a pocos días del 9 de abril, fecha en que el pueblo peruano será protagonista de una nueva jornada democrática; en esta oportunidad, para renovar nuestros cuadros de gobierno a nivel presidencial, congresal y de representantes al Parlamento Andino.
Un nuevo hito en la historia de la patria habremos de construir luego de transitar por una agitada campaña electoral desarrollada por una diversidad de agrupaciones políticas que en número de 24 se han tenido que ceñir a lo que dispone la nueva Ley Orgánica de Elecciones. Ley que también los electores tenemos que respetar, conscientes del valor intrínseco de este nuevo acontecimiento y de la responsabilidad que nos compete como elementos que decidiremos el rumbo de la historia de nuestro país a partir del 28 de julio, cuando habrá de establecerse un nuevo equipo gubernativo que tendrá la difícil misión de enfrentar la incongruencia de haber logrado un crecimiento económico, cuyas bondades, lamentablemente, no llegan a los bolsillos del pueblo ni ha hecho posible la eliminación o, por lo menos, una disminución ostensible de la pobreza y la extrema pobreza.
A este mal, como se sabe, se añaden otros: desocupación, subempleo, analfabetismo, injusticia social, educación y salud deficiente, inseguridad, corrupción, narcotráfico, terrorismo, entre otros. Endémicos males que nos acompañan desde hace 185 años de vida republicana y del que no podemos salir en gran medida por la ineptitud de nuestros gobernantes. Males de raíz estructural y que deben merecer un tratamiento también de alternativa estructural, pero que nuestros políticos no se atreven a plantear.
Una muestra de esto se ha podido observar en la presente campaña electoral, en donde el 98% de nuestros candidatos se han preocupado en lanzar ofertas coyunturales, demagógicas y marcadamente populistas, e incluso, ofertando exabruptos que hieren nuestra dignidad ciudadana en la vana creencia de que el electorado es ignorante y que desconoce que toda propuesta debe ir acompañada de la correspondiente sustentación de viabilidad financiera.
No obstante, en medio de este torbellino electoral, creemos que existen peruanos posiblemente bien intencionados cuyas propuestas de gobierno se enmarcan dentro del camino de lo posible, que plantea la redistribución de la riqueza que es de todos los peruanos, que bajo el principio de la equidad elimine los privilegios tributarios del que gozan las grandes empresas privadas, destruya la corrupción, y en un marco de equilibrio haga posible la protección y potenciación de las empresas públicas neurálgicas y estratégicas, pero también el fomento de la inversión privada en otros campos. Que respete los derechos laborales, los derechos humanos, la democracia, y mediante un plan de gobierno viable haga posible el desarrollo del agro, la industria, la educación y la salud, promoviendo por ende la generación de empleo de una manera racional.
El Perú es un país pródigo en riquezas naturales, un país maravilloso del cual debemos sentirnos orgullosos, pero de cuyas bondades todos tenemos el derecho de usufructuar y no sólo unos cuantos. Nuestra patria merece un mejor destino. Este 9 de abril los peruanos tendremos la oportunidad de contribuir a elegir ese mejor destino.

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