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Es irónico que Trujillo se
haya distinguió siglos atrás, en la época de la colonia, por la
majestuosidad y elegancia de unas casas de adobe y piedra con finos balcones
de madera.
Las solariegas casonas coloniales forman parte de la historia y tradición
trujillana. En ellas está depositado todo el arte de comienzos del siglo
XVII y finales del siglo XIX: el estilo neoclásico y barroco en toda su
expresión. Así se puede evidenciar en los portones anchos, los balconcillos
con barandales y los ventanales con rejas de hierro de estas residencias.
Aquí habitaron respetables familias nobles trujillanas, personajes ilustres
de la emancipación y lucha de la independencia: los Orbegoso, los Itúrregui,
los Torre Tagle, incluso el libertador Simón Bolívar vivió en una de ellas.
En varias calles del actual centro urbano de la ciudad todavía se erigen
algunas residencias que conservan rasgos y aportes arquitectónicos de las
sucesivas generaciones que las han ocupado. Entre ellas están la de
Mayorazgo, la casona Ganoza, la casona Orbegoso, la casona Pinillos, etc.
Estas casas siempre han llamado la admiración de propios y extraños por su
esplendor y firmeza. Son sinónimo de atracción turística, al punto que,
después de Chan Chan y las huacas del Sol y la Luna, son lo mejor que tiene
Trujillo. Las casas coloniales son joyas de nuestro turismo y por ende son
parte de nuestra identidad cultural, algo que sin duda debe ser protegido
porque es motivo de orgullo. Sin embargo, ¿se está haciendo esto?
Al parecer no. Hoy se encuentran en una grave situación de olvido que las
tiene al borde de la destrucción. Trujillo las está perdiendo, una por una,
y es necesaria una rápida ejecución de medidas por parte de las autoridades
respectivas, para la salvaguarda de nuestro patrimonio histórico cultural.
Actualmente el centro histórico de Trujillo cuenta con 256 casonas
coloniales. De éstas, ya se han derrumbado 10 y por lo menos 15 están en
peligro de colapsar. Es un problema realmente preocupante. Y lo vemos todos
los días porque se encuentra en nuestro propio centro histórico. En el mismo
corazón de la ciudad. |