DISCURSO EDITORIAL

A CONSUMAR TAREAS SIN

AZUZAR FANTASMAS

Alan García deberá subsanar el déficit del actual modelo económico..

Un nuevo gobierno de elección democrática asumirá el poder y deberá enfrentar una serie de retos. No le bastará con dejar hacer y dejar pasar, tal como hicieron muchos gobiernos democráticos, sobre todo el que se va y cuyos relativos éxitos macroeconómicos son la suma de omisiones antes que de acciones. Alan García deberá subsanar el déficit más importante del actual modelo económico y del sistema democrático. El alto índice de pobreza que apenas ha sido reducido en escasos guarismos y que requeriría más de treinta años reducir significativamente con la mediocre tasa de crecimiento lograda hasta ahora.
Hay una agenda social que, si no es atendida oportunamente, podría convertirse en una verdadera bomba de tiempo. El APRA ha ofrecido defender los derechos laborales y los intereses populares en materia de tarifas de servicios públicos. Son dos aspectos que podrían despertar recelos por parte de los empresarios y que el partido del pueblo, con tacto hábil, deberá negociar para cumplir sus más caras ofertas electorales.
En más de dos frentes librará batallas el nuevo gobierno. En el frente político contra el Partido Nacionalista y sectores radicales de la sociedad civil que anuncian no concederán tregua, contra los escépticos que votaron por el mal menor y contra los empresarios mal acostumbrados en los últimos años a tener la sartén por el mango en materia de relaciones económico-laborales.
El Estado tiene que volver a ser el fiel de la balanza en las relaciones entre los empresarios y los trabajadores. Para esto y todo lo demás deberá generar mucha confianza, cosa que podría logar si convoca a un gabinete respetable integrado por figuras probas, reconocidas por su solvencia técnica y capacidad ejecutiva. Un gabinete multipartidario ayudaría a despejar el camino al diálogo y a la concertación en el Congreso. El veredicto de las urnas en las pasadas elecciones generales fue crear un escenario político que obligara a las fuerzas políticas a dar el salto cualitativo de un quehacer político canibalesco a otro más alturado y positivo.
El APRA deberá realizar esta tarea sin azuzar los fantasmas del pasado: el controlismo, la intervención desmedida y el voluntarismo económico estatal que tanto daño causaron en la primera administración aprista. El flamante gobierno está condenado a tener éxito. El legado que recibe es propicio para iniciar las tareas de un cambio responsable que nos proyecte al futuro y nos aleje de las ominosas sombras del pasado.

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